
En un futuro apocalíptico en el cual la escasez del agua, petróleo y energía, sumado a que la crisis económica y el caos social marcan el ritmo, las pandillas organizadas dominan las carreteras. La falta de ley y orden en un mundo donde apenas existen los estados, hacen del planeta un lugar casi inhabitable.
Esto venía a narrar la película Mad Max (1979. George Miller) ambientada en el año 2021.
Y a todos nos vino a la cabeza cuando el pasado mes de enero, nos llegó la noticia de que un bien común como el agua comenzaría a cotizar en el mercado de futuros de Wall Street, lo que comúnmente llamamos: “cotizar en bolsa”.
Esto es algo que, hasta hace poco, nos parecía algo de película de argumento distópico, pero ya está aquí.
“El agua se ha convertido en el recurso más codiciado del planeta. El mundo de las finanzas quiere imponer su revolución para salvar a la humanidad: aumentar el precio del agua y crear mercados como el del petróleo”. Esto lo pudimos escuchar en el documental: Los señores del agua, emitido el año pasado en La 2 de TVE.
La idea de que el agua cotizará en bolsa llevaba ya tiempo aparcada por las oficinas de los gestores de CME (Compañía norteamericana de mercados financieros) y parece ser, que su puesta en marcha se ha precipitado por la crisis de la pandemia del Covid-19.
Pero si el agua es considerada un bien común en la práctica totalidad del planeta ¿Cómo es posible que entre a formar parte los bienes que cotizan en bolsa?

Esto se explica porque lo que ha comenzado a cotizar en la bolsa de New York no es el agua, sino los derechos de su uso. En realidad, los derechos del uso del agua existen en prácticamente todos los lugares, pero lo que asusta es que ya vaya a haber un mercado para comprar y vender esos derechos de uso.
Los que están a favor de que los derechos de uso del agua estén regulados por el mercado esgrimen, como parte del argumentario, que los grandes latifundios tendrán más cuidado a la hora de usar el agua; por consiguiente: esto será mucho mejor para ahorrar este bien en tiempos de escasez y en zonas como California, con un clima muy similar al de España, por cierto.
Para que lo entendamos mejor: los que están a favor, creen o argumentan que, el mercadeo de este derecho puede ser una manera de conservación del agua; al conseguir que las empresas que gestionan los grandes cultivos vean al agua como una herramienta de trabajo más, a la que hay que cuidar como si fuera un tractor, una cosechadora, o cualquier otra herramienta de cultivo.
En la otra cara de la moneda, existe la preocupación nada infundada de que un futuro esta forma de regular el derecho al uso del agua, nos afecte a los más comunes de los mortales en nuestro día a día, para el simple gesto de beber agua del grifo. Por ejemplo, ya hay voces dentro de la ONU, que se han mostrado totalmente contrarios a usar estos mecanismos empresariales para un bien como el agua. Ya que consideran que habrá grandes inversores, que sacarán redito a un derecho que les ha otorgado totalmente gratis el estado.
Y no solo eso, consideran que, una vez todo el uso del agua a nivel de grandes latifundios haya comenzado a generar grandes ingresos, el voraz mercado tratará de hacer algo parecido en el suministro de agua de grandes núcleos urbanos.
Haciendo un ejercicio de flaschback, podemos recordar la sequía que padeció el estado de California entre 2012-2016 y que dejó patente la vulnerabilidad del agua y de todo lo que depende de este bien. El estado de California, uno de los más ricos y prósperos de Estados Unidos, no tardó en reaccionar y surgieron varias iniciativas que, a priori, no estaban nada mal. Entre ellas, la Sustainable Water Management Act (SGMA) que comenzó a transformar la gestión del agua del subsuelo, u otras iniciativas privadas de financiación de proyectos para la desalinización y potabilización del agua como, la Water Infrastructure Finance and Innovation Act (WIFIA) que facilitó casi 4.000 millones de dólares a empresas que acreditaran un proyecto viable para solucionar los problemas del agua.
Sin embargo, voces como la de John Peter Morales, vocal de la Coalición de Justicia Ambiental enDefensa del Agua de California, ya avisó en 2017 de que la contrapartida de las buenas acciones de estas iniciativas, no tardarían en traducirse en la mercantilización del uso del agua. Y vemos que no estaba muy desencaminado.
¿Veremos esto pronto en Europa? Por mi parte no lo creo a corto plazo, pero en un futuro no muy lejano, aunque no veamos a Mad Max por la calle, es posible que nos enfrentemos a algo similar. De momento seguiremos bebiendo agua del grifo con toda la tranquilidad y si es agua filtrada con un filtro solvente 😉 mejor que mejor.